miércoles, 25 de febrero de 2009

carnaval y tv

Si estáis esperando anécdotas divertidas y hasta morbosas sobre el carnaval loco de Sampa, siento defraudaros.
Realmente las calles de Sampa estos días las he visto (las que he visto) más tranquilas de lo habitual y el carnaval se concentra en el sambódromo y determinadas zonas y momentos concretos, el resto del tiempo, ni te enteras.
De hecho, ayer, por ejemplo, el centro de la ciudad parecía muerto, todo cerrado, vacío, gris…

Eso sí, en la tv hay sobredosis de carnaval.¡En mi vida he visto tanto culo y tanto tanga!. He intentado seguir algún desfile del sambódromo por la tele, por aquello de empaparme de la cultura, pero –y que quede entre nosotros- me aburre soberanamente.
A la cuarta carroza-desfile y al enésimo tanga sobre culo sambón (y perdón si soy redundante) se me cerraban los ojos. Y es que si algo me da sueño-después de los medios de transporte- es la tele.

Aprovecho para hablar de la TV en brasil.
Para ser sincera, pasan días y días que ni la enciendo, mezcla de falta de tiempo y de desinterés. Para las noticias prefiero Internet.
La tele brasileña no es una maravilla; claro, que la española… ejem ejem.
Pero la tele brasileña en brasil es muy importante. Los primeros días, una de las imágenes que más me chocó fue ver favelas donde no hay de nada, casas apiladas que parecen desafiar las leyes del equilibrio, donde se juntan el barro y la basura y parabólicas, eso sí.
Y es que lo importante aquí es la novela, o las novelas, en plural.
Los culebrones. Son de producción propia y paralizan al país, todo el mundo los ve. Y cuando digo todo el mundo quiero decir todo el mundo, los ignorantes, los cultos, los ricos, los pobres… oyes hablar de la novela en el autobús, en las colas, en los descansos de trabajo, en cualquier lugar, sobretodo en las fases en que se acerca el desenlace (según me han informado, suelen durar 6 o 7 meses).
Hay gente que hace planes en función del horario de la novela… alucinante.

En la tele brasileña también existen una serie de canales que son de iglesias diferentes (y ahí quedo debiendo tema para otro día) y que se pasan horas con predicadores, con gente contando milagritos, etc.etc.

También hay un big brother brasil y los típicos programas de variedades y no faltan los concursos, claro y hasta los programas de niños-pequeños-monstruitos-haciendo monerías que tanta grima me dan.

Hay pelis, dobladas al portugués de brasil, me temo. De modo que Ramón Langa ya no es más Kevin Costner ni Bruce Willis y Constantino Romero aquí tiene serios competidores.
Como resultado de esta horrible costumbre que compartimos españoles y brasileños (y sigo hablando del doblaje), casi me gusta un poco menos Johnny Deep, tras oírlo en una voz brasileña que le mataba todo!!

Definitivamente, Brasil ofrece muchas maravillas, pero la televisión no es una de ellas.

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