domingo, 15 de febrero de 2009

lluvias de verano

El verano es la época de lluvias en Sao Paulo.
El sábado pasado fui hasta una zona donde hay un par de centros comerciales en busca de un regalo para un cumpleaños.
Estuve por allí bastante rato, mirando aquí y allá hasta encontrar algo que yo creyera que pudiera gustarle a la cumpleañera y que se ajustara a un presupuesto razonable…
Aproveché para hacerme con provisiones en la sección maravillosa de frutas y verduras del hiper, no pude resistirme.
Con mis provisiones y regalo comprado, me dirigía a la puerta, en la que se agolpaba la gente.
Ahh, llueve, por eso, esperan a que pase lo peor, me dije.
Me fui colando entre la gente, iba ya sacando el paraguas-que siempre debe ir contigo en esta época- y pensando que bueno, hasta la parada de bus era poca distancia, me daba igual mojarme un poco…
Entonces llegué a primera línea de multitud y se me abrió la boca: ya no había calle, ni escaleras de entrada al centro comercial, todo se había convertido en un lago en el que se divisaban techos de coches ahogados y cosas arrastradas y que empezaba justo a mis pies, habiéndose tragado todo.
Estábamos rodeados de agua.

Un buen rato después, imaginando que me iba a tocar hacer noche en el centro comercial, decidí aventurarme a salir de allí por la única parte aun no anegada.
Los autobuses no podían pasar y pensé que igual los desviaban por otra zona que fuese transitable, así que caminé hacia atrás (no es que me diera por hacer piruetas, sino que iba en sentido contrario a donde me dirigía y por donde llega el bus) hasta encontrar mi bus, parado, claro, en una hilera interminable de autobuses y coches.
Pero no se desvió, ni ese ni los muchos muchos otros autobuses y coches que permanecían allí parados.
Al menos, pensé, estoy sentada y seca (aunque eso podría haber sido en una cafetería del centro comercial también)
50 minutos después, el bus comenzó a moverse y 10 minutos después, habíamos atravesado lo que antes era un lago y que ahora, asombrosamente, no era más que una zona mojada.
¿Dónde había ido toda el agua? ¡Tan rápido! Ahora al pasar sólo se veían los coches arrastrados, las cosas apiladas contra la acera… y algo de barro en la calzada, pero ni charco, oye.

Como me fui de primera línea, me perdí los detalles.
Para mi consuelo, en la parada de bus que antes era inaccesible (de la otra orilla del lago repentino), se subió una señora que no abandonó esa primera línea. Obviamente, en el bus la interrogaban los pasajeros. Ella sólo sabía que todo se inundó y luego se des-inundó y se centraba en describir cómo los coches habían quedado cubiertos y la putada para los respectivos dueños.
Yo sigo sin saber quién, cómo y dónde le quitaron el tapón a la bañera.

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