domingo, 10 de mayo de 2009

angelitos..y demonios

Es increíble ver como los peques, sin que nadie les diga nada, se dan cuenta de que T es un poco especial, no sólo porque se mueve con cierta dificultad(deficiencias motoras) sino porque no consigue hablar bien, le cuesta entender, parece ausente en muchas ocasiones, llora mucho y necesita siempre tener algo consigo- su mochilita, uno de sus juguetes-.
Los otros niños le respetan, no le quitan lo que siempre aferra (entre el resto se pelean por cualquier cosa), vigilan que no se caiga (tiene cierta tendencia a irse de cabeza contra todo), le dan la mano y le ayudan.



Ha llegado al grupo de los peques un niño nuevo, mal educado, consentido e imposible, que no acepta normas, que tira todo, pega y muerde a los otros, manda “callar la boca” a las educadoras… vamos, una joyita.
Esta criaturita se negó a sentarse cuando todos nos sentamos y desafiante se negó y negó, por que sí. Una de las educadoras le dijo que si no se sentaba como el resto, se quedaría sin jugar en los columpios , pero nada, que nO, todo chulo(aclaro que tiene 4 años), no le daba la gana, porque no. Total,que acordamos con ellos que quien estuviese bien sentadito/a en el corro iría a jugar y quien no ,se quedaba conmigo hasta que, tras sentarse como los demás y según lo acordado, tuviera permiso para salir a jugar. Fueron yendo uno tras otro hasta que quedaron dos, el de marras y otro que se empeñó en sentarse en mi regazo en vez de en el corro de la alfombra. Éste último, R, finalmente entró por el aro, pero el otro, B, me montó un numerito que no veas, pataleta, perreta, se retorció por el suelo, gritó, me mandó callar, me intentó pegar… todo menos sentarse. Yo, impasible, de vez en cuando le repetía que así no conseguiría nada, lo único que tenía que hacer era, como todos los demás hicieron, sentarse un momento antes de salir…. Puffff. Nada, que no, perreta de órdago. Yo dispuesta a pasarme el tiempo que hiciera falta hasta que el adorable retoño cediera o simplemente se cansara.
Al final, vino la educadora responsable y le echó un sermón. Ella consiguió que dejara de llorar-retorcerse histéricamente pero, la verdad, el niño al final no se sentó y acabó yendo a jugar tras poner pucheritos de final de perreta…. Hummm,yo no sé de pedagogía, ni de psicología infantil, pero me parece que el enano se salió con la suya, juraría que hasta le vi una sonrisita triunfante….

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