domingo, 10 de mayo de 2009

casa de acogida

Como ya he comentado otras veces, conocer la realidad de los chavales que son atendidos en los proyectos es muy importante, no basta con que ellos vengan y que aquí encuentren una isla fuera de su realidad, los educadores debemos conocer cuál es su día a día, cuáles sus necesidades, sus condiciones…
Algunos de los chavales no viven con su familia. Unos no tienen familia, otros no están bajo la tutela de familiares… muchas historias diferentes.
Diez de los chavales que tenemos en el Centro( y hablo siempre de los menores de edad), viven en una casa de acogida. Yo tengo a dos de ellos- adolescentes- en uno de mis grupos.

Los educadores- todos- fuimos a visitar y conocer cómo viven estos educandos.
Son varias casas en una finca (finca quizá no es la palabra, pero no encuentro una traducción más descriptiva). Cada casa tiene una pareja responsable, un matrimonio -generalmente con sus propios hijos también- de modo que haya algo parecido al rol de padre y madre. Esos matrimonios viven allí, y son algo así como los padres de un porrón de niños y chavales de circunstancias y orígenes de lo más diverso.
También hay un par de misioneras en la casa de acogida (jovencitas). Como viene siendo habitual, la casa de acogida pertenece a la iglesia, concretamente en su vertiente católica. Me pregunto por qué en la mayoría de los casos acaba habiendo un trasfondo religioso en la asistencia social…

Algunos de los que allí viven son hijos de padres que están presos y nadie se hacía cargo de ellos. Otros son hijos de hogares de toxicómanos u alcohólicos, víctimas de violencia o malos tratos o de negligencia , otros son recogidos de la calle y los hay que hasta ellos mismos tienen un problema de dependencia química (los que esnifan pegamento, los adictos al crack…)
Eso que se ve en las películas de los “meninos de rua” existe, no es ninguna leyenda, sólo hay que darse una vuelta por São Paulo para –tristemente- ser testigo de esa realidad.
Los que están en esta casa de acogida (Casa de Naim, se llama) o en otras del estilo (pertenecientes a la Alianza de la Misericordia) están ahí voluntariamente. Ningún niño o niña o adolescente está ahí obligado, son acogidos.
Muchos, la mayoría, se quedan y aprovechan la oportunidad de ser educados, escolarizados, atendidos sanitariamente, de tener techo, comida, ropa, oportunidades y afecto.Otros acaban yéndose, por no conseguir superar su dependencia a las drogas o por no saber adaptarse a una vida fuera de las calles.
Los hay muy pequeños, de pocos años de vida, que siempre han vivido en la calle o mejor dicho, sobrevivido. Sin identidad, sin documentación, se hace complicado escolarizarlos, integrarlos en la sociedad, pero se consigue.
La propia casa tiene un sistema educativo que me pareció muy interesante. Está orientado a las necesidades reales de esos niños/as, que pasan por la higiene, la alfabetización, la organización del espacio, la convivencia, el respeto… cosas que los que hemos tenido vidas más fáciles, a veces olvidamos que también se aprenden. Y cariño, mucho cariño, pues sin eso, nada de todo lo anterior funcionaría.
La Alianza de la Misericordia también tiene otros proyectos y realiza atención de calle, en favelas, con ancianos…
Una visita muy positiva.

No hay comentarios: