jueves, 18 de diciembre de 2008

fin de primavera

Está a punto de entrar el verano pero, no sé si por aquello del ambiente navideño, estos días hace más bien fresquete.
Eso se traduce en que a la hora de ducharme el agua debería estar más calentita.
Pero mi ducha brasileña es de extremos, ella no entiende bien términos como templado, es una ducha radical, a ella le va lo de dejarte roja, ya sea por achicharramiento, ya sea por congelación.
Entre ser una bolsa de té humana en agua casi hirviendo o algo parecido a una aceituna de un cóctel refrigerado, me decantaba por lo último, dándome frescas duchas reparadoras tan a gustito.
Sin embargo estos días de fin de primavera, estos días frescos de 20 grados, me tengo que duchar bailando. Sí.
Mi señora ducha tiene una posición de invierno y otra de verano y una tercera en que directamente la apagas.
Ya sé que las estaciones están desapareciendo y la primavera y el otoño no están de moda pero, ducharse bailando “ahora me quemo ahora me congelo” no es lo más cómodo.
Echo de menos ser yo quien regule la temperatura, jugar con el grifo… pero no, ese grifo único sólo te permite abrirlo y que sea Doña Ducha quien te deje elegir si hoy es verano o es invierno.

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