Estos días son apretados de trabajo, preparando todas las actividades, cursos, organizando aquí y allá. Pero unos cuantos, cinco- un coche- nos escapamos a dar apoyo a una comunidad de agricultores que van a ser desalojados de sus tierras y sus hogares.
Aunque no son el MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra), tan conocido en Brasil y fuera de sus fronteras, el MST siempre se ha solidarizado con ellos y los ha integrado en su movimiento.
Son familias que llevan muchos años viviendo en unas tierras, cultivándolas, cuya vida se sustenta gracias a ellas.
Son familias que en su día compraron y pagaron por unas tierras , pero esas tierras nunca fueron vendidas realmente. Son familias, por tanto, que hoy son propietarias de nada, que hoy están ocupando unas tierras que son del Estado y que el Estado reclama, y que lamentablemente reclama por la fuerza ante la negativa de sus moradores a abandonarlas.
Son unas 30 y pico familias las que aun resisten de las 80 y tantas que eran. Treinta y pico familias y allegados que en asamblea intentan decidir qué hacer con sus vidas, cómo luchar contra el gigante que se los lleva por delante.
Allí estuvimos, dando apoyo, escuchando a estas gentes y solidarizándonos con su causa. Ya se sabe, cuantos más, mejor.
Seguimos de cerca el caso.
Aunque no son el MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra), tan conocido en Brasil y fuera de sus fronteras, el MST siempre se ha solidarizado con ellos y los ha integrado en su movimiento.
Son familias que llevan muchos años viviendo en unas tierras, cultivándolas, cuya vida se sustenta gracias a ellas.
Son familias que en su día compraron y pagaron por unas tierras , pero esas tierras nunca fueron vendidas realmente. Son familias, por tanto, que hoy son propietarias de nada, que hoy están ocupando unas tierras que son del Estado y que el Estado reclama, y que lamentablemente reclama por la fuerza ante la negativa de sus moradores a abandonarlas.
Son unas 30 y pico familias las que aun resisten de las 80 y tantas que eran. Treinta y pico familias y allegados que en asamblea intentan decidir qué hacer con sus vidas, cómo luchar contra el gigante que se los lleva por delante.
Allí estuvimos, dando apoyo, escuchando a estas gentes y solidarizándonos con su causa. Ya se sabe, cuantos más, mejor.
Seguimos de cerca el caso.
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