Aunque por el título pueda parecerlo, no se trata de nada erótico, no, y aunque quería ir evitando relatar tantas cuestiones de la casa, creo que el último episodio goteraS, que sería más bien InundacioneS, merece un ratito.
Por supuesto, el cuarto de baño dejó de ser territorio seco para unirse al resto de la casa en su complot por convertir la misma en una piscina cubierta.
Imaginad que en cada lámpara del techo de cada habitación surge una ducha que descarga agua a grifo abierto, y en varias zonas del techo las gotas pingan por aquí y por allá, moviéndose a voluntad, pues eso.
Con mis vecinos más inmediatos solidarizados, pues en su casa surgió una ducha espontánea también esta vez, lo cual “despertó” su solidaridad con la situación rápidamente, fueron y vinieron cubos varios, quitar y mover los muebles, visita fugaz al tejado a inspeccionar la situación (refresco la memoria: los vecinos son los que llevan el “mantenimiento” de las instalaciones) y su hijo pequeño pululando a mi alrededor sin callarse ni un segundo (¿qué es eso? me preguntó señalando mi fregona, entre otras miles de preguntas).
Mi señora vecina fue rauda y veloz en busca de algo “útil” para recoger el agua, pues mi fregona le parece una cosa “lenta”.
Llegado este momento voy a explicar el procedimiento habitual por estos lares, que consiste en usar un artilugio como el de limpiar los cristales (esa gomita escurre-agua cuyo nombre desconozco) que sirve para empujar el agua hasta el desagüe más cercano, generalmente la ducha, que no es más que una rejilla en el suelo.
Por supuesto, es más rápido, sólo que ha de pasar el agua, en su camino hasta llegar al desagüe, por zonas antes secas, pero, rápido, sí…
(nota aclaratoria: a la hora de limpiar, suelen usar o bien la escoba cepillando el suelo mojado con detergente y luego el agua la empujan hacia el desagüe con ese artilugio, o bien para “fregar” suele ser el artilugio envuelto en un paño/trapo humedecido. Ésto lo he visto así en cuatro Estados diferentes de Brasil, así que ya puedo decir que es el sistema habitual).
La situación dio para un acercamiento/encuentro vecinal y para varias charletas, en una de las cuales quedó aclarado que yo no soy hermana, o sea, monja (monjaaa?) pues a ellos les cuesta entender que yo sea una voluntaria así, a secas (¡¡¡sin comentarios!!!)
Por lo demás, los altos mandos ya están al corriente de la situación , pero, teniendo en cuenta que tres personas han empleado dos jornadas laborales íntegras únicamente para alargar unos cuatro o cinco metros de un camino (aclaro: camino estrecho, para peatones, sobre el jardín, sin orografía complicada: hacer el camino y echar un poco de cemento…) sospecho que lo del arreglo del tejado será lento, vamos a decirlo así.
Y bien, espero cerrar aquí este capítulo y volver a mentarlo sólo para comentar que me hallo por fin en territorio seco.
domingo, 18 de enero de 2009
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